miércoles, 9 de mayo de 2012

Una ira


-Dígame qué le sucede.
-Pues mire, doctor, sufro unos terribles ataques de ira incontenible.
-¿Desde hace mucho?
-Y a usted qué cojones le importa si hace mucho o poco, baboso imbécil, preguntón de mierda.
-¿Ha sido eso uno de sus ataques de ira incontenible?
-No, simplemente me ha molestado su pregunta.
-Ah.
-Necesito ayuda.
-No se preocupe. ¿Es la primera vez que visita a un psiquiatra?
-Y eso qué coño tiene que ver con mi caso, grandísimo gilipollas, estúpido cabezón.
-Oiga, no le consiento que me trate así…
-Discúlpeme, pero ahora sí que era un ataque de ira incontenible.
-¿Ahora sí?
-Así es. Vienen y van sin avisar.
-Tiene que ser muy difícil vivir con usted.
-Eso tiene gracia. Vengo a pedirle ayuda y tengo que escuchar sus malditos reproches. Cierre el pico y métase los reproches por el culo, asqueroso matasanos.
-Tranquilícese, por favor, le voy a inyectar un calmante.
-No me hace falta. Ahora no era un ataque de ira.
-¿No?
-No, simplemente me han molestado sus palabras.
-Ya. Hábleme de su infancia.
-De mi infancia te va a hablar tu puta madre, chismoso tontolaba.
-¿Es uno de sus ataques?
-Sí.
-En ese caso puede seguir.
-Hijoputa, engañabobos, ¿te he preguntado algo yo a ti? Pues déjame en paz y vete a la mierda.
-¿Ya está mejor?
-Sí.
-Vale, pues tendré que verle dos veces por semana durante un mínimo de un año. Cada sesión le costará 150 Eur. ¿Le parece bien?
-¿Qué si me parece bien? Le voy a contestar lo que me parece…

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